Mucho más que “Al mal tiempo buena cara”

Mucho más que “Al mal tiempo buena cara”

Todos, en mayor o menor medida hemos atravesado (o atravesaremos) situaciones difíciles, o tal vez hemos escuchado el relato de personas que habiendo soportado situaciones adversas (como lo que escuchamos de nuestros abuelos sobre el genocidio) se sobrepusieron y continuaron con sus vidas. También escuchamos sobre otros que con situaciones aparentemente mucho menores no pudieron salir de esa crisis. Pero ¿qué es lo que hace a unos fuertes y positivos, al punto de salir adelante de situaciones terribles, y qué los hace tan débiles a otros que se dan por vencido? Esta capacidad es denominada resiliencia.

Algunas definiciones:
El término resiliencia es una palabra que surge de la física, se la utiliza para explicar la cualidad que tienen los distintos materiales de volver a su estado original luego de haber sufrido presiones deformantes.

Esta palabra fue tomada por la psicología para designar la capacidad que tienen algunas personas de sobreponerse a situaciones de mucha adversidad, capacidad de construir un mundo positivo frente a circunstancias negativas.

Mientras que en la física se habla de la capacidad de volver a un estado previo a los cambios sufridos por fuerzas externas, en psicología este concepto se amplía teniendo en cuenta que no se vuelve a un estado anterior, sino que el individuo se rearma para enfrentar el futuro, luego del impacto del trauma que provoca el dolor emocional.

Esta capacidad se obtiene durante el desarrollo del niño hacia la madurez, en el que interactúan los componentes psíquicos y ambientales. Un niño no puede adquirir la resiliencia por sí sólo. Los mismos factores que inciden en el desarrollo evolutivo del niño (la relación con la madre, la conformación del mundo, el apoyo ambiental, etc.) influyen en la resiliencia de modo que debe ser considerada un proceso que se va construyendo a través de las distintas etapas del crecimiento.

¿Cómo desarrollar esta cualidad?
A través del estudio de la resiliencia en diferentes grupos humanos se observaron distintos factores, estos son:

  • Autoestima: aprecio y valoración que se tiene de uno mismo.
  • Confianza en sí mismo.
  • Iniciativa: fuerza que impulsa al sujeto a actuar y a tomar decisiones.
  • Capacidad de observarse a sí mismo y a los demás: saber identificar los sentimientos en uno mismo y en otras personas.
  • Pensamiento crítico y realista de la situación: posibilita buscar soluciones prácticas y viables para sobreponerse.
  • Sentido del humor: a nivel psicológico da la posibilidad de tomar distancia de la situación liberando tensiones y preocupaciones, ayudando a dejar de lado los pensamientos negativos. A nivel biológico, contribuyendo en la secreción de sustancias que favorecen las defensas del organismo.
  • Visión optimista del mundo: disposición de la persona a juzgar y ver las cosas en sus aspectos más favorables.
  • Sentimiento de libertad: da a la persona la posibilidad de tomar sus propias decisiones, está relacionada con la iniciativa, la elaboración de proyectos y la creatividad.
  • Capacidad de elaborar proyectos: pone al individuo en un lugar que trasciende el momento del hecho traumático, dándole fuerza para encontrar un sentido a su vida que lo impulse hacia el futuro.
  • Creatividad: como la capacidad de producir algo nuevo a partir de lo que se tiene a mano.
  • Relaciones interpersonales desde el afecto y las emociones. Lo que determina la calidad de la resiliencia es la calidad del vínculo que han podido tejer antes del trauma e inmediatamente después.
  • Actitud altruista (personas generosas): la devoción al otro permite escapar al conflicto interior, recibiendo a cambio amor de la persona beneficiada.

Para que una persona pueda desarrollar esta capacidad de sobreponerse a situaciones traumáticas o estresantes es necesario no sólo la presencia de estos factores sino también que se relacionen entre sí de manera provechosa.
Debemos favorecer el desarrollo y fortalecimiento de cada uno de estos factores en los niños, desde su más tierna edad, enseñando y siendo ejemplos.

Sobre las relaciones interpersonales:
Se sabe de la importancia de una familia que contenga y apoye a sus miembros para que crezcan sanos y equilibrados. A veces el niño no encuentra apoyo y contención en sus padres, y debe hallar otras personas que cumplan esas funciones. En ocasiones son otros miembros de la misma familia los que se ocupan del menor, u otros que están fuera del núcleo familiar pero están ligadas afectivamente al niño.

La escuela es otro de los mejores contextos para favorecer el desarrollo de la resiliencia en los niños. El desarrollo de amistades y grupos de pares intervienen también en ese tejido interpersonal que son las relaciones humanas, conformando una red que sostiene al individuo.

Sobre la Fe:
Muchas personas cuentan con la Fe para superar momentos difíciles. El creyente no solo cuenta con un conjunto de creencias a las que adhiere por medio de la fe, sino que también tiene un grupo de pares que puede promover su resiliencia. El grupo cumple su función resiliente conteniendo a todos sus miembros y dándoles un apoyo para construir su resiliencia. Además la Fé le da una visión distinta del mundo y de las situaciones.

Entonces…
Una persona resiliente es la que posee una autoestima elevada, confianza en sí misma, esperanza y fe en el futuro, independencia, capacidad de gestionar cambios y proyectos, humor, capacidad para alcanzar sus metas y relaciones sinceras. Estas características se van afianzando con la edad y dependen de factores propios del individuo, familiares y sociales.

Por lo tanto resiliencia es mucho más que “buena cara” frente a las tormentas de la vida, es tener la capacidad de enfrentar las experiencias adversas, sobreponerse, y salir fortalecido.

Dr. Guillermo E. Hayetian. Pediatra.
Contacto: guillehayetian@gmail.com

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